Iluminemos Piriápolis
12 Jun 2011

Iluminemos Piriápolis

[div id=”lectura”] Lightplanning*: Iluminemos Piriápolis!!! Una revisita

12 Jun 2011

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Lightplanning*: Iluminemos Piriápolis!!!

Una revisita a la generación mítico-simbólica de un ámbito turístico

Pirlápolis padece algunos de los males característicos de las ciudades balnearias europeas cuyo auge ya pasó. Biarritz, la Costa Amalfitana, algunos balnearios de la costa Inglesa, son buenos ejemplos de ello. No obstante, creemos posible una operación capaz de revertir esa condición de lo que ya pasó y transformarla en lo que será, iluminando, en sentido literal y metafórico, la matriz histórica y estilísticamente competente de la ciudad. Lightplanning alude, además de a un método ligero de urbanismo, a un modo de operar iluminando y creando luz en equipamientos existentes y nuevos. Lightplanning aclara la ciudad, recicla su matriz visual y recompone su historicidad en un presente iluminado…

¿Es posible reposicionar a Piriápolis desde la revisión de su carácter mítico?

¿Se puede crear una nueva “marca Piriápolis” que condense su pasado mediterráneo con nuevas especificidades, más propias del turismo de sol y playa contemporáneo?

Vista desde esta lógica ¿cuáles son sus principales atributos a exacerbar, qué otros deberíamos generar, y cuál sería la función de su frente costero dentro de estas operaciones?

Argumento:

A finales del siglo diecinueve el único referente posible para los desarrollos balnearios era la Riviera Francesa, símbolo de distinción, buena vida, paisaje inigualable y, sobretodo, de la naciente atracción por el turismo de estación cálida. La Riviera Francesa constituía, en definitiva, la encarnación del primer paradigma del turismo de sol y playa.

Resultaba natural y pertinente la utilización de esta referencia concreta, considerando además el paisaje de soporte de la región (la antigua Ensenada del Inglés), el único con elevaciones de cierta importancia en las cercanías de la costa en nuestro territorio. Francisco Piria, desarrollador urbano e inmobiliario de gran visión, lo supo ver y construyó una nueva Niza, con su rambla, sus paseos costeros y hasta su castillo.

Desde mediados del siglo veinte, sin embargo, los referentes turísticos en materia de sol y playa se comenzaron a diversificar. Con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, dicho turismo, ya asentado y en expansión, abandonó como imagen modélica el espacio del glamour europeo para dirigirse a terrenos de la modernidad triunfante, conservando sin embargo un cierto carácter urbano, fruto de las ideas higienistas vigentes en la época. El turismo se generalizó, abandonando su carácter de elite, para incluir a clases de menor poder adquisitivo marcando, en los años sesenta, el surgimiento de los tour-operadores. Es de esta época el furor turístico hacia ciudades como Acapulco, Benidorm y Río de Janeiro, modelos que se constituyeron en un segundo paradigma del turismo de veraneo.

A comienzos del siglo veintiuno las lógicas del turismo de sol y playa continúan cambiando, acompañando en parte, como lo hicieran en el pasado, las tendencias del turismo en general. La agilidad de los medios de transporte masivos, y generalización del acceso a estos, la revalorización de las culturas y paisajes no hegemónicos, la conciencia de la finitud de los recursos naturales y paisajísticos, son algunos de entre la infinidad de cambios culturales que han contribuido a este desplazamiento de intereses.

Los destinos turísticos globales se vuelven más y más exóticos cada día, al tiempo que se trasladan hacia el ecuador, volviéndose a su vez más y más tropicales. La imaginería de las vacaciones vinculadas a la experiencia de sol y playa se traslada consecuentemente hacia imágenes similares. Dentro de este último paradigma conviven dos visiones encontradas, una primera vinculada a los desarrollos costeros en forma de strip, basados en la tipología del hotel all inclusive, cuya generalización ha depredado las costas del Caribe, y una más vinculada al “nuevo turismo”, más respetuosa del medio natural, más interesada por la relación con las comunidades locales, con una componente mucho más asociada a los paisajes rústicos.

En dicho contexto, sería irresponsable pensar el destino de un ámbito turístico como el presente sin tener en cuenta estos desplazamientos. Ahora bien, ¿cómo puede Piriápolis participar de estos cambios sin perder su especificidad paisajística y urbana? ¿Cómo puede Piriápolis recalificar su matriz de “balneario europeo” y a la vez estar “a la moda” con los nuevos desarrollos turísticos? El gran desafío del presente trabajo es plantearse desde la pertinencia de este doble objetivo.

Impronta: En busca de una imagen costera diversa, de fuerte impronta contemporánea

Los cinco subtemas, que serán abordados con la metodología citada, tienen como objetivo la concreción de una estrategia concreta: devolverle a Piriápolis su impronta de balneario de punta, reforzando las cualidades históricas de ciudad mediterránea europea, pero agregándole además otras especificidades propias de los modelos históricamente posteriores, en particular ejemplificados en los ámbitos de Río de Janeiro y el Caribe.

1: Piriápolis es su playa / La dinámica costera y su evolución

Todos los estudios técnicos en materia de dinámica costera coinciden en la actualidad en la importancia de la preservación de, por lo menos, la primera duna, como forma de garantizar la recirculación de arena y controlar los efectos erosivos de las crecientes más importantes. La rambla de Piriápolis fue pensada con anterioridad a estas teorías y sobre la base de otro paradigma, lo que ha dejado en la actualidad a su playa en una condición crítica. Obras infraestructurales posteriores, como la ampliación del puerto, han empeorado esta situación en algunas porciones, en especial frente al Hotel Argentino. Piriápolis, como todo destino turístico de sol y playa, es fundamentalmente su playa. Entonces, ¿puede Piriápolis darse el lujo de perderla?

2: Piriápolis de cara al mar / Gestión de la primera fila, recalificación y re energización de las ramblas:

Indudablemente relacionada con la problemática anterior se encuentra la que da origen a esta consulta. La baja en la calidad de la playa sin dudas repercute en la centralidad de la primera fila costera. Si la playa queda lejos, más allá de Punta Fría o Playa Hermosa, ¿qué sentido tiene estar frente a la costa? En las Ramblas de Piriápolis, su primer ícono, es también donde mejor se observa la dejadez que sufre el balneario.

3: El manejo del Cerro San Antonio y el puerto:

El Cerro San Antonio, el otro gran ícono de Piriápolis además de la rambla, también se podría catalogar como en situación crítica. Su proceso de urbanización ha sido, al menos poco cuidadoso, encontrándose hoy en vías de saturación y con una calidad arquitectónica relativamente acotada. Agregado a esto, se ha permitido construir en altura en su frente costero, incluso interrumpiendo su perfil, también perfil característico de Piriápolis. En la cima del cerro, una de las situaciones más excepcionales de la localidad, los equipamientos son de bajísima calidad paisajística y arquitectónica.

El puerto, a su vez, ha sido la gran apuesta de la localidad en los últimos quince años, una apuesta que no está aprovechada en absoluto, si se compara con la dinámica que tiene la zona portuaria de Punta del Este, por ejemplo.

4: Piriápolis es ciudad / Aprovechamiento y recalificación de la matriz urbana original:

A pesar de las continuas acciones depredadoras y los continuos descuidos al ambiente urbano, Piriápolis mantiene una urbanidad de gran amabilidad, lo que da cuenta de la calidad de su matriz urbana original. Sin embargo, se podría pensar en alguna estrategia, o por lo menos algunas operaciones directas e indirectas, que aseguraran que esa matriz se conserve y desarrolle.

5: Historia antigua / Recuperación y afianzamiento del relato histórico y sus imágenes:

La condición de balneario “antiguo” que posee Piriápolis le brinda, sin lugar a dudas, una historia de cierto espesor que debería ser aprovechada. Esta historia no es únicamente la perteneciente a la época fundacional, que trataremos en apéndice aparte, sino una historia más cercana y menos grandilocuente, una “historia mínima”, asociada a muchísimas generaciones de usuarios que han veraneado en el lugar y a las costumbres por ellos generadas. Desde la búsqueda y rescate de estas historias, que constituyen el patrimonio social de la ciudad, se buscar reforzar la especificidad del lugar. Algunas de las reseñadas están presentes todavía en la actualidad con cierta fuerza, otras merecerían afianzarse o reelaborarse, y otras recuperarse, ya que hace años se han perdido.

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